
La maizena se nota en la textura de la miga, es más suave y se desmiga con mayor facilidad. También le aporta humedad y dura 3 o 4 días en perfectas condiciones, para mí es un manjar incomparable.
Ingredientes
- 300 gr. de fruta confitada- 1 copa de ron
- 175 gr. de mantequilla
- 3 huevos
- 200 gr. de harina de repostería
- 100 gr. de harina fina de maíz (Maizena)
- Pizca de sal
- 1 sobre de levadura de repostería o 15 gr. (tipo Royal o similar)
- 150 gr. de azúcar común
Elaboración (molde de cake de 24 cm)
- Precalienta el horno a 180º- Trabaja la mantequilla reblandecida hasta que este cremosa. Añade el azúcar y bate la mezcla hasta que esté espumosa.
- Incorpora los huevos uno a uno, mezclando bien cada vez antes de añadir el siguiente.
- Agrega la harina de repostería tamizada con la Maizena, la pizca de sal y la levadura. Mezcla bien hasta obtener una masa lisa e incorpora el Ron.
- Incorpora las frutas cortadas a dados y remueve hasta que se mezclen con la masa.
- Vierte en un molde cake, forrado de papel vegetal y hornea a 180º durante 60 minutos aproximadamente. Controla los últimos minutos y si ves demasiado dorada la superficie, cúbrela con papel de aluminio hasta el final de la cocción
- Retira del horno, espera diez minutos y con cuidado tirando por el papel, pasa el cake a una rejilla. Espera a que este frío para despegar el papel.
Opción: Puedes servirlo así o espolvorearlo con azúcar glas.
Una tarde cualquiera del mes de diciembre de cualquier año, mi mesa tendrá lo que véis, una taza humeante de café con leche y un trozo de Cake de Navidad, ¡¡planazo!!
No puedo dejar de hacer referencia al colador "vintage" que veis y que nada más verlo me dejó totalmente enamorada. Recuerdo que llegamos a ese pequeño lugar de la Provenza Francesa un día de muchísimo calor sobre las dos de la tarde. Aparcamos la autocaravana en el área destinada a ellas y ya sin pensarlo fuimos caminando al centro del pueblo a comprar pan antes de que cerraran. En el camino nos encontramos una tienda chiquita que no olvidaré jamás, estaba llena de pequeñas joyas, todo era tan bonito que mis ojos no abarcaban tanta hermosura, incluso el dueño era un chico guapísimo con gafitas de intelectual. Era tarde, mal momento para comprar nada, la hora apremiaba, estaban a punto de cerrar, así que sin pensarlo mucho me apoderé del colador (8 euros) e insté al conductor de la caravana a que aceptara que le regalara un marco de plumas estilográficas de diferentes modelos que era una locura de espectacular. No era barato, pero la ocasión lo merecía, tenía pendiente regalarle algo especial por su 50 cumpleaños y dado su amor por la escritura y las plumas, me pareció fantástico, sin embargo, él que es un hombre menos (muuucho menos) precipitado que yo, decidió pensárselo, así que nos fuimos. Después comimos y dejamos atrás el pueblo de la maravillosa tienda. El conductor de la autocaravana recuerda de cuando en vez aquél día y se apena de no haber aceptado aquel marco de plumas estilográficas...
¡¡No dejéis de probar este cake, os encantará!!











