Hace unos días, el conductor de la autocaravana, ha cumplido su primer medio siglo, o lo que es lo mismo, cincuenta añazos. Uno no cumple esa edad todos los días (afortunadamente o llegaríamos a los 500 en un plis plás), así que el señor conductor decidió entrar en la segunda mitad de su siglo por la puerta grande. Él, que es un hombre bastante austero no tuvo empacho en regalarse caprichos propios de quien le parece que hay momentos en la vida que no sólo son únicos, nosotros debemos ayudar a convertirlos en excepcionales. La verdad es que le alabo el gusto.
Dentro de la semana fantástica de festejos (aún nos queda el próximo finde la comida de celebración familiar) decidimos ir a comer a un sitio especial. Barajamos varios nombres dentro de A Coruña, aunque finalmente nos decantamos por un restaurante con estrella Michelin en A Costa da Morte, ¡¡As Garzas!!
Tengo que decir que hago este post, sobre todo, como recuerdo de ese día, pero realmente lo de valorar platos de restaurantes, fotografiarlos y editar es un trabajo de tamaño calibre que cada vez me da más pereza.
Del entorno no os voy a comentar nada porque el mar bravo de A costa da Morte es sencillamente espectacular, había viento como hay siempre, y la temperatura era muy agradable. El paseo de antes de ir a comer fue maravilloso.
Lo que nos llevó a escoger este restaurante fue principalmente que el que esté galardonado con un estrella Michelin, me parecía indicativo de algo (aunque tremendos patinazos nos hemos llevado con los estrellas), también personas de mi confianza que habían comido allí, me lo recomendaron, y después, el entorno también me parecía ideal para el antes y después de la comida.
A esta altura de la jugada y después de algunas decepciones, sólo exijo un mínimo, el resto espero que sea propina, eso sí, el mínimo no lo perdono.
Curiosamente del primer (y hasta la fecha el TOP) restaurante que me dejó sin habla, Casa MARCELO TEJEDOR en Santiago de Compostela, no tengo reportaje, tengo que volver para remediarlo porque podría pasarme mucho rato comentando la jugada de aquella comida de hace siete años. Además, ahora ha estrenado un nuevo formato gastronómico que seguro que no me defraudará.
Cuando reservé mesa pedí expresamente una mesa al lado de la cristalera y con vistas al mar, y así fue. La disposición de las mesas, la extrema pulcritud de la vajilla, mantelerías, etc. me pareció, perfecta.
Decidimos escoger el menú degustación que se llama, "Para los que no quieren pensar".
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| Espárragos blancos de temporada con su crema y tirabeques |
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| Nuestro salpicón de langosta |
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| Buey de mar sobre sus corales y espuma de apio. |
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| Vieira y triguero sobre parmentier ligero de champiñón y trufa negra |
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| Lomo de merluza de Celeiro con guisantes de Betanzos |
El cava escogido para la comida fue "Raventós i Blanc" de Elisabet Raventós, una produccción limitada que realmente fue uno de los grandes aciertos de esta comida, absolutamente exquisito. (sobre 30 euros la botella)
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| Crema de requesón de A Capela y manzana asada con miel de azahar |
Terminada la comida, los postres, el café y pagada la cuenta, tuve ocasión de conocer al Chef de este restaurante, una persona joven y muy agradable. Comentamos un poco la historia del restaurante y la manera un tanto fortuita a la que sin haberlo planeado llegó a convertirse en cocinero del establecimiento. Una baja temporal de su madre, le hizo abandonar sus estudios para suplirla en la cocina, le resultó tan grata la experiencia que allí se quedó hasta hacerse cargo por completo del negocio familiar.
En esa amena charla le comenté que ambos postres me habían parecido que tenían demasiados puntos en común. Aunque él argumentó que el primero lleva manzana confitada con miel y en el segundo caso, se trata de pera.
Este postre, me parece muy rico, pero no me parece afortunado ponerlo seguido de otro que tiene una fruta de textura tanto al paladar como a la vista muy similar. Por no hablar que ambos llevaban un crujiente como de praliné, que sí, que está muy rico, pero digo yo....¡¡con tantas posibilidades como existen en el mundo de la gastronomía, que necesidad hay de repetir nada!!
El postre final servido sobre una cazuelita de chocolate, las peras confitadas en dados, el crujiente de praliné y el helado (creo que era de avellana) lo sirven así para a continuación vaciar sobre ellas, salsa de chocolate caliente. Realmente, delicioso en cuanto a sabor y la presentación me pareció muy acertada.![]() |
| Nuestra versión de la pera Bella Elena |
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| Teja y trufas con un riquísimo café |
Por supuesto tomamos café y estaba muy rico, lo cual no es ninguna obviedad ya que a veces algo tan sencillo no se cuida lo suficiente. Unas tejas de almendra y unas trufas de chocolate pusieron el broche de oro a esta rica comida.
Un menú desgustación en el que predominó durante todo el tiempo los productos del mar (no hubo carne) primando el sabor y con una cuidada elaboración. A pesar de ser unos cuantos platos uno no se queda con esa sensación de pesadez tan habitual a veces.
Tengo que hacer referencia a que el servicio durante toda la comida, fue estupendo, estuvieron muy atentos en cada momento y muy profesionales.
Después y aprovechando el buen tiempo, un paseo por el puerto y la playa de Malpica culminó un precioso día.
Si os dais una vuelta por Malpica, no dejéis de visitar este restaurante, además del menú desgustación tiene una carta muy interesante a precios muy razonables.
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