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martes, 14 de mayo de 2013

"As Garzas" Un estrella MICHELIN en Malpica. COSTA DA MORTE. (A Coruña-España)

Hace unos días, el conductor de la autocaravana,  ha cumplido su primer medio siglo, o lo que es lo mismo, cincuenta añazos. Uno no cumple esa edad todos los días (afortunadamente o llegaríamos a los 500 en un plis plás), así que el señor conductor decidió entrar en la segunda mitad de su siglo por la puerta grande. Él,  que es un hombre bastante austero no tuvo empacho en regalarse caprichos propios de quien le parece que hay momentos en la vida que no sólo son únicos, nosotros debemos ayudar a convertirlos en excepcionales. La verdad es que  le alabo el gusto.

Dentro de la semana fantástica de festejos (aún nos queda el próximo finde la comida de celebración familiar) decidimos ir a comer a un sitio especial. Barajamos varios nombres dentro de A Coruña, aunque finalmente nos decantamos por un restaurante con estrella Michelin en A Costa da Morte, ¡¡As Garzas!!
Tengo que decir que hago este post, sobre todo, como recuerdo de ese día, pero realmente lo de valorar platos de restaurantes, fotografiarlos  y editar es un trabajo de tamaño calibre que cada vez me da más pereza.

Del entorno no os voy a comentar nada porque el mar bravo de A costa da Morte es sencillamente espectacular, había viento como hay siempre, y la temperatura era muy agradable. El paseo de antes de ir a comer fue maravilloso.

Lo que nos llevó a escoger este restaurante fue principalmente que el que esté galardonado con un estrella Michelin, me parecía indicativo de algo (aunque tremendos patinazos nos hemos llevado con los estrellas), también personas de mi confianza que habían comido allí, me lo recomendaron, y después, el entorno también me parecía ideal para el antes y después de la comida.
Soy crítica y exigente con los lugares a lo que voy a comer, esa es la verdad. También sé distinguir hasta que punto debo serlo, no es lo mismo ir a un MacDonalds (que no voy) que ir a un restaurante galardonado con un estrella Michelin.
A esta altura de la jugada y después de algunas decepciones, sólo exijo un mínimo, el resto espero que sea propina, eso sí, el mínimo no lo perdono.
Curiosamente del primer (y hasta la fecha el TOP) restaurante que me dejó sin habla, Casa MARCELO TEJEDOR en Santiago de Compostela, no tengo reportaje, tengo que volver para remediarlo porque podría pasarme mucho rato comentando la jugada de aquella comida de hace siete años. Además, ahora ha estrenado un nuevo formato gastronómico que seguro que no me defraudará.
Cuando reservé mesa pedí expresamente una mesa al lado de la cristalera y con vistas al mar, y así fue. La disposición de las mesas, la extrema pulcritud de la vajilla, mantelerías, etc. me pareció, perfecta.

Decidimos escoger el menú degustación que se llama, "Para los que no quieren pensar".
Espárragos blancos de temporada con su crema y tirabeques
Me gustó el guiño a los productos de temporada que sirvieron como primer plato. Bonita presentación y rico de sabor.
Nuestro salpicón de langosta
El segundo, salpicón de langosta lo sirvieron con una salserita individual llena de salpicón cortado muy menudo y que por supuesto, volcamos encima de la presentación. Muy sabroso y con una presencia muy chula, me gustó mucho.
Buey de mar sobre sus corales y espuma de apio.
Este plato tiene muchísimo sabor a mar, está muy rico, sin embargo, me parece que está algo flojo de presencia, a mi modo de entender le falta algo verde, quizás una hojita de apio le iría fenomenal. La espuma de apio marida  genial con  la carne del buey de mar.
Vieira y triguero sobre parmentier ligero de champiñón y trufa negra
El cuarto plato fue esta vieira, no puedo decir otra cosa que ¡SOBERBIO! impresionante, delicioso todo, la vieira de esas que sólo puedes comer a pie de lonja, el parmentier estaba de fábula y la presentación me encantó.  Me gustó muchísimo.
Lomo de merluza de Celeiro con guisantes de Betanzos
El quinto y último plato de los salados fue esta merluza. Bien presentada, rica, correcta, sabrosa, lo mismo la guarnición.
El cava escogido para la comida fue "Raventós i Blanc" de Elisabet Raventós, una produccción limitada que realmente fue uno de los grandes aciertos de esta comida, absolutamente exquisito. (sobre 30 euros la botella)
Crema de requesón de A Capela y manzana asada con miel de azahar
Terminada la comida, los postres, el café y pagada la cuenta,  tuve ocasión de conocer al Chef de este restaurante, una persona joven y muy agradable. Comentamos un poco la historia del restaurante y la manera un tanto fortuita a la que sin haberlo planeado llegó a convertirse en cocinero del establecimiento. Una baja temporal de su madre, le hizo abandonar sus estudios para suplirla en la cocina, le resultó tan grata la experiencia que allí se quedó hasta hacerse cargo por completo del negocio familiar.

En esa amena charla le comenté que ambos postres me habían parecido que tenían demasiados puntos en común. Aunque él argumentó que el primero lleva manzana confitada con miel y en el segundo caso, se trata de pera.
Este postre, me parece muy rico, pero no me parece afortunado ponerlo seguido de otro que tiene una fruta de textura tanto al paladar como a la vista muy similar. Por no hablar que ambos llevaban  un crujiente como de praliné, que sí, que está muy rico, pero digo yo....¡¡con tantas posibilidades como existen en el mundo de la gastronomía, que necesidad hay de repetir nada!!
El postre final servido sobre una cazuelita de chocolate, las peras confitadas en dados, el crujiente de praliné y el helado (creo que era de avellana) lo sirven así para a continuación vaciar  sobre ellas, salsa de chocolate caliente. Realmente, delicioso en cuanto a sabor y la presentación me pareció muy acertada.
Nuestra versión de la pera Bella Elena
Uhmmmm, riquísimo.
Teja y trufas con un riquísimo café
Por supuesto tomamos café y estaba muy rico, lo cual no es ninguna obviedad ya que a veces algo tan sencillo no se cuida lo suficiente. Unas tejas de almendra y unas trufas de chocolate pusieron el broche de oro a esta rica comida.
Un menú desgustación en el que predominó durante todo el tiempo los productos del mar (no hubo carne) primando el sabor y con una cuidada elaboración. A pesar de ser unos cuantos platos uno no se queda con esa sensación de pesadez tan habitual a veces.
Tengo que hacer referencia a que el  servicio durante toda la comida, fue estupendo, estuvieron  muy atentos  en cada momento y muy profesionales.

La factura ascendió a 150 euros (aproximadamente) para dos personas.
Después y aprovechando el buen tiempo, un paseo por el puerto y la playa de Malpica culminó un precioso día.
Si os dais una vuelta por Malpica, no dejéis de visitar este restaurante, además del menú desgustación tiene una carta muy interesante a precios muy razonables.

Puedes ver otros restaurantes que visité, AQUÍ


martes, 13 de septiembre de 2011

El Parador de Cambados, el Maitre y los negritos del mercadillo

Soy fan de los Paradores, antes de tener la autocaravana me he alojado alguna vez en ellos, pero sobre todo, para mí es una apuesta segura cuando estoy en una ciudad desconocida y quiero cenar más o menos bien sin gastar mucho. Habitualmente tienen unos menús regionales estupendos y a precios al alcance de la excepción de un día. En mis últimas vacaciones por las Rías BAixas en agosto pasado, estando en Cambados nos acercamos hasta allí, sin haberlo planeado. Una cosa que hago siempre es tomar un café en la cafetería de los Paradores. El precio es apenas un poco más caro que el de otra cafetería cualquiera y el entorno suele ser siempre precioso. Cada Parador tiene su propia decoración, pero suelen estar decorados muy bonitos, tienen amplios sillones en los que leer la prensa al tiempo que uno se toma el café y otra cosa, tienen wifi, cuestión importante para quien viaja en autocaravana.
Antes de entrar en el comedor del Parador ya habíamos decidido el menú de 28 euros que íbamos a comer, lo habíamos estado mirando en el cartel que tienen en la entrada. Cuando nos sentamos en el comedor, el Maitre nos trajo una carta con los platos típicos pero en la que no aparecía ninguno de los menús que se ofrecían en el cartel de la entrada.
Cuando regresó a nuestra mesa para apuntar nuestro pedido, le hicimos saber que queríamos uno de los menús que no veíamos en la carta. No comentó nada, se fue y regresó con otra carta que dejó (estoy segura de forma involuntaria) con un gesto un tanto desagradable sobre la mesa. Bien, pedimos nuestro menú.
Para beber y estando en Cambados, casi no podíamos pedir otra cosa que un albariño, el Rosalía de Castro, riquísimo por cierto.
De entrante una brocheta con pulpo y puntillas, rico.
El pan, uauuuuuuuuuuuuuuu, exquisito.
Cazuela de bacalao con verduras de huerta y repollo
El segundo plato estuvo delicioso, en su justo punto, riquísimo.
En el centro del comedor hay una enorme mesa redonda que sirve a los camareros. En esa horrible y antiestética mesa, hay servilletas, platos, copas. El comedor no es la séptima maravilla en decoración, pero esa mesa ahí, en pleno centro, tan horrorosa, lo mata, me espantó.
Guiso de gallo con cebollas tiernas y romero de campo.
El gallo estaba como para cantar, quéeeeeeeeee rico, exquisito, es verdad que las cebollas tiernas no estaban por ninguna parte, pero los pimientos de padrón (unos pican y otros no) estaban buenísimos y las patatitas casi bien cocidas (una estaba un pelín dura).
En el transcurso de la noche fuimos atendidos por el Maitre, que no digo que sea desagradable, pero podía ser un poquito más agradable, no me gustó. Es la primera vez que tengo que poner un pero en la atención de un Parador en los que siempre me he sentido muy bien atendida. También nos atendieron dos camareras, amables y correctas en todo momento, especialmente una de ellas que además de amable, era simpática, un plus que se agradece, casualmente oí su nombre, se llama Amparo.
Dulce de leche, huevos, nata y miga de pan cocido al horno con reducción de queimada
¿A qué el nombre del postre tiene una pinta atómica? pues os digo que era un puding, rico sin matarse y del montón. No encontré el dulce de leche, ni la queimada. Un pobre postre, carente de la mínima originalidad y  me atrevería a decir que en cualquier menú de 10 euros lo ponen mejor.

Como los dos platos centrales del menú, el pan y el vino estuvieron muy bien, no puedo decir que fuese un fiasco, pero mejorable, muy mejorable. La atención con peros y también mejorable. El cocinero y las camareras son lo que salvaría de la quema. La mesa del centro, directamente a la hoguera sin paliativos. El Maitre, a lo mejor tenía una mala noche.... lo vamos a perdonar...

Llegamos a la autocaravana casi a las doce de la noche, estaba aparcada en el Puerto. Pensamos que sería buena idea buscar un sitio menos visible y transitado, no hay que olvidar que era viernes por la noche.
Cuando nos disponemos a iniciar marcha, NO ARRANCA!! Bien, pensamos en respirar hondo y volver a intentarlo, NADAAAAAAAAAAAAAA. ¿Qué hacer a esas horas? pues lo lógico, dormir y pensar en llamar a la grúa al día siguiente por la mañana.
A las 8 de la mañana del sábado nos sobresaltaron unos golpes duros y contundentes en la ventana de la caravana. Inicialmente pensamos si sería un sueño, pero los golpes se repitieron. Bajamos timidamente la persiana y vimos un grupo de unos 4 o 5 hombres negros. Qué susto, qué estaría pasando.
Nos vestimos precipitadamente y salimos. Nos explicaron que estábamos en el medio de un mercadillo que se iba a celebrar en un par de horas y que tenían que montar sus puestos. Ufffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff!!
¿Os imagináis el papelón? no sabíamos que hacer, intentamos volver a poner en marcha el vehículo, pero nadaaaaaaaaaaaaaaaaa. Les explicamos el problema y claro, lo entendían, pero eso no era óbice para que los puestos tuvieran que montarlos y quedaríamos atrapados sin remedio en medio de la feria y lo que es peor, sin posibilidad de que la grúa pudiese entrar al rescate.
Finalmente se juntaron ni se sabe cuantos y empujaron cuesta abajo la autocaravana hasta una esquina a la que pudo acceder la grúa una hora después.
La grúa nos llevó hasta Villagarcía a un taller mecánico de camiones que afortunadamente estaba abierto y nos arreglaron un inyector (que parece ser era el responsable) y pudimos por fin, irnos de allí.

(Cuando conté mis vacaciones no quise contaros este "detalle" para no explayarme más, pero hoy, ha tocáoo)

jueves, 19 de mayo de 2011

"CASA MARCIAL", (Asturias), 2 ESTRELLAS MICHELIN, con matices....

El sábado pasado fui a comer a todo un "DOSESTRELLASMICHELÍN". Fui unas cuantas veces a restaurantes con una estrella, pero era la primera vez que iba a ir a uno que tuviese dos y tenía expectativas, para que voy a negarlo.
Hacía algún tiempo que lo habíamos planificado, teníamos que celebrar un cumple y ese nos pareció el lugar adecuado, así que allí nos fuimos.
El entorno es precioso, esa Asturias verde e intensa tan bonita, le rodea. El silencio acompaña la sensación de bienestar nada más llegar.
El restaurante está situado en una casona familiar, típica del entorno rural. Nos dirigieron a nuestra mesa situada en un comedor de la planta de arriba. El mobiliario correcto, las mesas amplias cubiertas de una mantelería blanca impoluta, lo mismo puedo decir de la vajilla y la cristalería. Las sillas nos hicieron sudar nada más verla,  no entro en si son bonitas, pero una barra corta la espalda por la mitad dejando el resto sin apoyo. Sin haber visto la carta le comentamos a la persona que nos atendió que no podíamos estar todo el tiempo que dura una comida de estas características en esas sillas, inmediatamente se ofreció a cambiarlas y así lo hizo.
Nos sentamos al lado de una ventana adornada por geranios y el campo asturiano de fondo, bucólico y bonito. Estábamos decididos a tomar un menú degustación y de entre los que se nos ofrecieron nos decantamos por el menú gastronómico, 85 euros por persona y las bebidas aparte.
Enseguida nos trajeron el pan con una mantequilla aderezada muy rica. Por cierto, el pan nos lo cobraron aparte, me pregunto si hablando de cifras como las que manejamos se hace necesario cobrar el pan aparte, me pareció un detalle poco afortunado.
A continuación nos trajeron un aperitivo, los vasitos eran como una crema de boletus y no recuerdo el resto, y unas tapitas de mejillones en escabeche que estaban exquisitos.
Escogimos para los primeros un albariño "Frore de Carme" con cuerpo, sabroso,  y con un punto de acidez muy equilibrado.
Como primer plato del menú, nos sirvieron una ostra con emulsión de aceitunas y naranja sanguínea. El sabor fue SUPERIOR, delicioso, sutil, fresca, impresionante al paladar y me rechifló la presentación de un plato manchado con la aceituna y que arropaba con su aroma la ostra exquisita.
El segundo fue un "champiñón con tuétano, brotes flores de hemerocallis". No me gustó y no me lo comí. Bien, no estaba preocupada, aún quedaban muchos platos.
El tercero fue "bocarte con anchoas, crema de hierbas y aliño de cítricos" un bocado riquísimo cuya imagen no está a la altura del sabor producido en la degustación.
El cuarto con título sencillo, "carabinero asado" fue una auténtica lujuria gastronómica, un manjar digno del comensal más exigente. Un plato gigante cuyo éxito solo radica en una materia prima de primera y un punto de cocción que solo manos expertas pueden darle. Lo disfrutamos con exclamaciones constantes, impresionante ehhhh, ricodeliciosoatope!!
El quinto se denominaba "hongo con jugo de pimiento rojo, pilpil de bacalao y cebolleta". El jugo de pimiento rojo no conseguí apreciarlo, tampoco el pil pil de bacalao. Lo mejor fue la textura de la cebolla, tierna además de crujiente. No fue un plato afortunado a mi entender.
Para seguir con el menú, escogimos el vino "Predicador", un vino de color cereza picota intenso, jugoso y potente, nos encantó.
Ya estábamos en el sexto plato y en este caso nos sirvieron "ternera macerada con algas y whisky, su leche y su pasto". Me pareció original la gelatina de algas, queda linda presentada en el plato, pero la ternera estaba insípida, fuera de punto de cocción y en su conjunto el plato no me gustó como propuesta.
El séptimo plato era "pescado del día" y nos sirvieron una merluza deliciosa, laminada por un justo punto de cocción y un jugo muy apropiado y que maridaba perfectamente con el resto. Rico, rico.
El 8º plato era "cochinillo ocnfitado con puré ligeramente picante y piña encurtida". Otro de los platos DIEZ del menú. Perfectamente conjuntado todo los acompañamientos el cochinillo estaba impresionante, rico, crujiente en su piel, tierno en su interior y muy sabroso. Coincidencia plena, delicioso.
Ya llegamos a los postres y el primero se componía de "maíz helado, chocolate blanco y agua de manzana trufada". Normalito, lo más rico y original me pareció el agua de manzana trufada que parecía una especie de gelatina que estaba por abajo del resto. Poco elaborado y nada espectacular.
La casa nos invitó a una copa de moscatel de los que uno no olvida, exquisito, fresco, dulce sin empalagar, un estupendo vino dulce que recordaré.
El último postre era "bizcocho cremoso de avellanas con helado de nata y jengibre". El bizcocho cremoso estaba rico, bueno, el conjunto estaba rico, pero un poco más de lo mismo. Si el primer postre tenía helado, el segundo también tiene helado y yo me quedé un poco decepcionada. A ver, el postre es el broche de oro de cualquier menú y hay que currárselo un poco más. Si voy a un restaurante que tiene DOS estrellas Michelín, quiero que me sorprendan, que me sirvan platos que en cuanto los vea diga "ohhhhhhhhhhhhh" y que cuando me lleve la cuchara a la boca, de saltitos y no hubo ni una cosa ni otra. Me hubiese gustado algo más espectacular, el postre es además, el plato donde se puede dejar volar la imaginación al cielo y resulta fácil sorprender, sólo hay que ponerle un poco más de ganas.
Cuando ya habíamos terminado tuvimos el honor de que nos visitara en nuestra mesa, Nacho Manzano, el chef del restaurante que acababa de regresar hacía unos escasos minutos de un viaje a Londres. Fue un ratito delicioso. Es un chico joven, lleno de entusiasmo, con ideas, ganas y que vive su profesión con alegría y responsabilidad.
Tengo que destacar el servicio. La persona que nos atendió lo hizo con diligencia durante todo el tiempo, estando pendiente en todo momento. El ritmo de servicio de los platos fue estupendo, rápido y sin esperas, nos encantó.
Finalmente nos invitaron al café y que sirvieron con unos dulces muy ricos.
Puedo decir que he observado bueno mimbres y auguro un futuro estupendo para el restaurante y su dueño.
En mi experiencia personal puedo decir que bien, pero sin echar cohetes y los 234 euros (2 personas) que pagamos tenian que haberme dejado FLI PA DA (y no ha sido así) porque yo, no los gano todos los días.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Culler de pau, un tesoro en O Grove

Hace unas semanas leí en El País un artículo sobre un joven cocinero gallego que se había establecido en O Grove. Me llamó la atención la puntuación que le daba El Viajero porque los que le seguimos sabemos de su racanería. También que había  hecho prácticas con Toñi Vicente, Martín Berasategui y Sergi Arola, así que aprovechando que pensaba ir por las Rías Baixas, guardé el recorte de prensa y allí nos fuimos.
Vistas del comedor sobre  una huerta y las Rías Baixas.
Me gustó mucho el comedor, decorado de modo minimalista, predominando el blanco, con tan solo 10 mesas y una enorme cristalera sobre una huerta y el mar azul de las Rías Baixas. Todo impecablemente pulcro y relajante.
Nos recibió a la entrada una chica rubia (quizás la esposa del joven cocinero) embarazadísima y muy amable nos condujo a nuestra mesa (reservada con anterioridad).
Decidimos tomar el menú degustación, que por otra parte tiene un precio muy razonable, 40 euros por persona, bebidas aparte.
Empezamos por unas croquetas de erizos, gentileza de la casa.
Riquísimas de textura y de sabor.
El vino, no podía ser de otra manera, un albariño, "Lagar da Condesa", rico, fresco, afrutado, una buena elección, sin duda.
El vino nos lo trajo el sumiller o el maitre,  en todo caso, la persona que se encargó de servirnos todo el menú, de explicarnos cada plato, de responder a nuestras preguntas, de preocuparse por nuestras opiniones. Con un ligero acento sudamericano ejerció su papel con una perfección destacable, supo estar atento en todo momento, preocupado que nada nos faltase, de servir el vino en cuanto nuestras copas se iban vaciando y al tiempo sin molestar, ni hacer visible su presencia, dejando a salvo nuestra intimidad, sin incordiar pero atendiendo todas las necesidades de nuestra mesa. No vamos todos los días a restaurantes de nivel, pero hemos ido a unos cuantos, incluso muchos con estrellas Michelín pero sin duda, la estrella en cuanto atención se la lleva de nuestra parte, "Culler de Pau"!!
Sardina y jurel marinados con tomate, pesto de hierbas frescas y pepino
Tengo que decir que cuando llegó este plato que por otra parte fue el primero, tuve una ligera decepción, visualmente me pareció soso y me quedé un poco plofff, así que como por los ojos no me lo hubiese comido, me armé de cuchillo y tenedor y me puse a la faena. La mezcla de sabores me pareció exquisita, la textura, la frescura de la vinagreta con el punto justo de ácido, riquísimo.
Navajas con cítricos y emulsión de yogur
Me gustan mucho las navajas y el efecto sorpresa se lo dio la espuma, que por otra parte no pude encontrarle demasiado sabor. Lo destacable fue la hoja granate que las acompañaba y que deferentemente nos explicó el Maitre que se llamaba "xiso" y que tenía un sabor muy rico. No destacaría este plato como nada especial, es cierto que las navajas son un molusco que apenas necesitan preparación y que está bien que no se disfrace su sabor con salsas especiadas, pero justamente por su sencillez me parecieron correctas y nada más.
Bonito de Burela con su caldo ahumado y vinagreta de sésamo.
El bonito estaba para dar palmas, increíble el punto de cocción, rosadito pero en perfecto punto justo. Delicioso y suave el caldo que lo acompañaba. IMPRESIONANTE!!
Pluma ibérica con polenta de máiz, cerezas y espinacas.
Exquisito plato. Combinación de sabores y de texturas, fantástica la cama de polenta, riquísima la carne en su punto, jugosa, tierna y maravillosa la salsita. Fantástica la combinación con los toques de espinacas que consiguieron una montaña rusa de sabores. Buenisísimo.
Sopa de limón con melón, melocotón y helado de jengibre.
Muy bueno, el helado tenía ese toque fresco del gengibre y la sopa con bolitas de melón de diferentes clases fue ideal para romper con los sabores salados de la comida.
Torrija de la "Abuela"caramelizada, café, leche y cacao.
Quiero que "la abuela" me de la receta de esa torrija, uauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, madre mía, qué delicia!! ¿y los terrones de café? espectacular. Maravilloso postre, me rechifló.
Café y trufas.
Por último, un buen café. Sería difícil fastidiarlo al final, pero puede ocurrir, no fue el caso, rico, humeante y sí señor, acompañados por un último dulce.


La impresión global no pudo ser mejor, bueno... sí, siempre se puede mejorar, pero puedo decir que me encantó.
El menú resultó muy equilibrado y después de comer todos los platos no sentimos esa sensación de pesadez de tantas veces. Muy digestivo también y sé de lo que hablo.
Me fijo mucho en todo, para eso me gusta la cocina y cotilleo más allá de lo que lo haría otra persona y me gustó mucho la vajilla (inmaculada, blanca y de diseño), la cubertería, las copas brillantes y de cristal fino.
Todo impecable, y sí, es lo que se espera, pero no siempre es así.


No tienen estrella Michelín, pero como sigan así, es cuestión de tiempo. Espero verlo y volver a visitarles cuando la tengan, al fin de cuenta, desde A Coruña tampoco me queda tan lejos.


Os animo a que si visitáis O Grove, no os lo perdáis.